Prensa y turismo en España (Málaga, 1872-1936) Orígenes y primer desarrollo de una actividad periodística especializada (fragmento), por
Juan Antonio García Galindo.
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La tradicional presencia de extranjeros en Málaga ha sido la base sobre la que se ha ido produciendo la permeabilidad de la sociedad malagueña, caracterizada desde siempre por estar abierta a los flujos de inmigración. El asentamiento de esas colonias de extranjeros (ingleses, franceses, alemanes, etc.), junto a viajeros que descubrían personalmente las singularidades del espacio malagueño, fueron creando el sustrato para aquella permeabilidad y para que en sus lugares de origen se fueran conociendo las características peculiares de esta zona del sur de España (clima, paisaje, costumbres y tradiciones, etc.). El desarrollo de los medios de comunicación no fue ajeno en principio a estas colonias de residentes extranjeros, muchas de los cuales hicieron posible la aparición en nuestras tierras de órganos de expresión y de opinión que, redactados en las lenguas nativas, reflejaban los intereses de estos colectivos. Al mismo tiempo, los periódicos locales vieron la necesidad de informar y recoger las noticias que concernían a estos colectivos; pero, sobre todo, comenzaron a ver en el fomento del turismo una salida a la crisis económica malagueña, apuntada ya por la burguesía de la ciudad. A partir del último tercio del siglo XIX, los grandes diarios de la capital malagueña vieron la necesidad de informar y de opinar acerca de las posibilidades turísticas de su entorno. Desde 1872 lo había hecho El Avisador Malagueño; y desde finales de siglo La Unión Mercantil dirigido entonces por Antonio Fernández y García, que a la sazón se convertiría en la siguiente centuria en el diario más importante de Andalucía. Este diario apostó también por aquella misma idea, dando cabida en sus páginas a los propagandistas del clima y del turismo. Los dos diarios más importantes de Málaga en toda su historia hasta la Guerra Civil se sumaron así a los círculos locales que defendían el fomento del turismo, convirtiéndose en portavoces de muchas de sus inquietudes.
La explotación del clima y de la actividad turística surgió, pues, en Málaga, como preocupación social frente a la crisis económica que padeció la provincia a raíz de la desindustrialización. Escritores, periodistas y profesionales malagueños de distinta índole (ingenieros, médicos, profesores) esgrimieron a partir de esas fechas, desde libros y periódicos, numerosas razones para el fomento del turismo. (...) Todos coincidían a la altura de los años ochenta y noventa del siglo XIX en la necesidad de simultanear el estudio y la propaganda del clima con las mejoras en la infraestructura. Aquellas propuestas estaban encaminadas a convertir a Málaga en una estación de invierno, dada la benignidad de su clima, parangonable -tal como se decía entonces- a ciudades como Nápoles, Roma, o Niza. Y no se equivocaban quienes así pensaban, pues con el tiempo el turismo residencial, y de invierno, se ha convertido en uno de los grandes logros de la Costa del Sol. Lejos quedaba aún la idea del turismo veraniego masivo.
Todas estas propuestas e iniciativas particulares de la burguesía local malagueña desembocaron en 1897 en la constitución de la Sociedad Propagandista del Clima y Embellecimiento de Málaga, en cuyo hecho contribuyeron especialmente destacados extranjeros residentes en Málaga, y en especial el cónsul inglés Alexander Finn, quien sería Vicepresidente de la Junta de Gobierno de la citada entidad. Francisco Crooke Loring y José Aurelio Larios eran respectivamente presidentes de la Junta de Gobierno y de la Junta de Patronos, órganos rectores de la sociedad. El diario malagueño La Unión Mercantil informó habitualmente de las actividades de la sociedad, e hizo públicos los detalles de su programa. La labor de la sociedad se dedicó preferentemente a la propaganda del clima, el embellecimiento urbanístico y la higiene pública, y los festejos y actividades culturales. Los propagandistas eran conscientes de que su tarea tenía que comenzar por la propaganda al exterior de la benignidad del clima malagueño. De ahí que desde el primer momento hicieran uso de los diferentes medios de difusión de la época (periódicos y revistas, correo, etc.). Sabemos por los autores citados que Mr. Finn enviaba semanalmente información meteorológica a su país; y que posteriormente se enviaban tarjetas con datos de temperatura y presión a Londres, París y Madrid. Precisamente, una tirada especial de estas tarjetas era destinada a las revistas médicas inglesas, a través de las cuales se difundieron también en el extranjero las bondades del clima malagueño.
El papel llevado a cabo por El Avisador Malagueño, que había desaparecido ya cuando la Sociedad Propagandista se constituye, y, sobre todo, por La Unión Mercantil que seguiría teniendo especial protagonismo en la difusión y promoción de Málaga en los años siguientes, dada la gran duración de este diario, fue continuado por otras publicaciones. Entre ellas, La Unión Ilustrada, semanario gráfico de la misma empresa que La Unión Mercantil y una de las mejores revistas de su género de toda España. Este semanario contribuyó igualmente, desde su nacimiento en 1909, a la idea de promocionar el turismo como actividad económica alternativa, mostrando de acuerdo con la naturaleza de la revista las mejores fotografías y postales de la provincia malagueña. Este mismo propósito sería también asumido por las primeras revistas extranjeras de Málaga y de la aún inexistente Costa del Sol.